New York City Feelings

I would give the greatest sunset in the world for one sight of New York's skyline

Jan 2, 2009

SEAGRAM BUILDING



Enviado por Cristina a través de Google Reader:


vía ENSEÑ-ARTE de Juan Diego Caballero el 31/12/08
EL "MENOS ES MÁS" DE LOS RASCACIELOS

















No es el rascacielos más alto de Nueva York. Tampoco el más famoso ni el más visitado. Sin embargo, si tuviese que elegir el edificio más interesante de esa ciudad no dudaría un segundo: el Seagram Buillding, la única construcción que levantó en aquella urbe Mies van der Rohe, en este caso con la colaboración de Philip Johnson. Edificado entre los años 1954-1958 para servir como sede central de la Corporación Seagram (cuyo centenario se había celebrado en 1957) este rascacielos de planta rectangular, sostenido sobre pilotes y de 157 metros de altura (39 plantas) ha marcado un antes y un después en la construcción de edificios de oficinas. Una depurada síntesis de la arquitectura racionalista en la que Mies se había formado, del estilo internacional que comenzaba a abrirse paso en la arquitectura a partir de 1950 y de las aportaciones de la escuela de Chicago.












Son muchas la singularidades de este edificio. En primer lugar, Mies redujo la planta a un esquema compositivo basado en la repetición de 5 por 3 módulos cuadrados. En segundo lugar, realiza todo un homenaje a la arquitectura clásica, diseñando el rascacielos en su trazado vertical como si fuese una gigantesca columna en la que son apreciables la basa (en este caso, el vestíbulo), el fuste (las distintas plantas) y el capitel (distingible claramente en los tres últimos pisos). Por otra parte, en la construcción del Seagram se empleó el hormigón como material estructural, revistiendo vigas de acero, conforme exigía la normativa antiincendios. Pero al exterior el muro-cortina de la construcción aparece organizado mediante una interesante perfilería en forma de I, realizada en bronce, que sin tener una función estructural enmarca perfectamente las grandes cristaleras que constituyen la epidermis más visible de la obra. Para concluir, el arquitecto alemán empleó como elementos decorativos los materiales que tanto le atraían, como el el mármol travertino o el granito rosa.


El edificio Seagram destaca también por encontrarse retranqueado respecto a la alineación de la avenida en la que se sitúa, generando ante sí una pequeña plaza con una lámina de agua a cada lado, solución que permite jugar con la dialéctica de lo horizontal-vertical y del lleno y vacío. Preguntado el arquitecto por la razón de esta decisión, respondió que retranqueba el rascacielos "para poder verlo. Si vas a Nueva York, realmente tienes que mirar a las marquesinas para saber donde estás. Ni si quiera puedes ver el edificio, sólo lo ves desde lejos". Esa plaza permite a la construcción respirar en medio de un conjunto urbano en el que la densidad edificatoria deja apabullado al espectador.

Hay además otro detalle que refleja bien a las claras el espíritu de Mies en esta obra. Era evidente que un edificio de tal altura habría de tener una enorme superficie de persianas, cuyos usuarios tenderían a subirlas o bajarlas como mejor les pareciese. Para evitar esta muestra de desorganización, las diseñó de manera que solo tuviesen tres posiciones posibles. Con ello pretendía mantener la homogeneidad visual de la construcción. Además, la mezcla de los perfiles exteriores con el tono tintado de los cristales del rascacielos, cuya función básica es reducir la temperatura interior, contribuye a hacer más sobria aún, si cabe, la imagen exterior del edificio: un prisma de cristal oscuro en medio de una de las principales avenidas de Nueva York.

En definitiva, el mejor Mies van der Rohe construye aquí un edificio de líneas depuradas, sin ninguna concesión a lo ornamental; pura muestra de su mentalidad racionalista. Un ejercicio de elegancia arquitectónica en el que el uso mesurado de pocos elementos da como resultado una de las más bellas joyas de la arquitectura del siglo XX. El minimalismo hecho realidad. Hace algo más de un año tuve la ocasión de conocer en directo esta obra cimera del arte contemporáneo. Sentado en la plaza que Mies diseñó, en la que ahora puede disfrutarse además de una escultura de Alexander Calder, no dejaba de pensar en cuanta razón tenía este arquitecto al que una frase más que cualquiera otra identifica: menos es más.







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